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La controvertida estrategia holandesa contra el coronavirus: ¿enfoque inhumano o muerte digna?


HOLANDAAlgunos difundieron la versión de que los ancianos enfermos eran abandonados en los Países Bajos. No es cierto, pero a partir de una férrea defensa de la libertad individual, el país eligió un camino diferente al de otros en la lucha contra el Covid-19

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Otra concepción de la vida y de la muerte

 

De las 1.173 muertes por coronavirus confirmadas hasta el miércoles, solo 200 se habían producido en salas de cuidados intensivos, según el RIVM. Este dato es crucial para entender por qué, a pesar de la gran cantidad de decesos, los hospitales no están aún saturados en Holanda, aunque sí están llegando al límite de su disponibilidad, que está siendo ampliada por el gobierno ante la emergencia.

El 58,1% de los fallecidos tiene 80 años o más, pero entre los hospitalizados solo el 21% supera los 80 años. Estos números se deben principalmente a que muchos adultos mayores que se enferman y sufren complicaciones no llegan a ser internados, sino que mueren en geriátricos o casas de retiro.

Ese fenómeno llevó a muchas personas a acusar a los holandeses de ser inhumanos y de despreciar a la tercera edad. Pero eso no es lo que sucede verdaderamente. En primer lugar, porque no es que se los deja morir, sino que en la mayor parte de los casos son los propios pacientes quienes prefieren no ser trasladados a un hospital.

“Hasta ahora, nos estamos arreglando con la capacidad que tenemos en cuidados intensivos. Esto puede cambiar, no lo sé. Estamos apurándonos en hacer nuevas camas con respiradores para atender al creciente número de pacientes que lo necesitan. A ninguna persona se le ha negado ningún tratamiento por su avanzada edad, pero la mayoría de los que mueren de COVID-19 fallece en casa o en los asilos en los que viven. Es por decisión propia. Los médicos aconsejan a los pacientes si una admisión en una unidad de cuidados intensivos sería una buena idea para ellos o no, en función de su pronóstico”, sostuvo Frits Rosendaal, profesor de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, en diálogo con Infobae.

No se puede desconocer que una intubación para conectar a alguien a un respirador artificial es un proceso sumamente invasivo, que puede dejar secuelas. Muchas personas no quieren pasar por eso. Tampoco morir solos, en una sala desbordada como las que se ven cada vez con mayor frecuencia en distintas partes del mundo por el coronavirus. Por otro lado, muchos establecimientos para adultos mayores en Holanda cuentan con instalaciones que les permiten a los enfermos recibir cuidados paliativos y tener una muerte no dolorosa.

Que cada individuo tenga la libertad de decidir plenamente sobre su vida forma parte del arraigo que tiene el respeto por la libertad personal en la cultura holandesa. Es parte de una idiosincrasia con profundas raíces históricas, relacionadas con la temprana difusión de las ideas calvinistas, la escasa influencia de la Iglesia católica y el lugar central que pasó a ocupar el país en el comercio mundial en los orígenes del capitalismo.

Esa historia bastante peculiar explica que hoy esté socialmente aceptado que cuando hay un deterioro muy fuerte de la salud y pocas probabilidades de sobrevida, alguien pueda decidir no continuar. Holanda es, junto con Bélgica y Luxemburgo, uno de los tres países de Europa en los que la eutanasia es legal, aunque bajo condiciones muy rigurosas.

“Holanda fue pionera en la legalización de la eutanasia en 2002. La razón era reducir el sufrimiento indebido y proteger la humanidad de las personas al no extender la vida de aquellas que no quieren seguir padeciendo. Esto ha llevado a un estricto régimen de examen médico, con normas y reglamentos para cada caso, incluyendo una solicitud explícita del propio paciente. Cada uno es examinado minuciosa y cuidadosamente antes, durante y después. A lo largo de las décadas, esto también ha llevado a un aumento en el tamaño de los cuidados paliativos. Así que el público en general se siente más cómodo con la idea de que una muerte digna y humana está bien”, contó De Vries.

Para otras cosmovisiones, la eutanasia es una aberración, porque la vida sería algo sagrado que hay que preservar por todos los medios posibles, y a cualquier costo, incluso en contra de los deseos de la persona que encarna esa vida. Este pensamiento es común a la mayoría de las religiones, que consideran que Dios le concedió la vida al ser humano. Desde este punto de vista, el abordaje holandés a la salud puede resultar inaceptable.

“Hay diferencias culturales —dijo Rosendaal—. Los lazos familiares pueden ser diferentes de los de los países de Europa meridional, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que muy pocos ancianos viven con su familia. Además, la organización de nuestra atención sanitaria se centra en los médicos de cabecera y en la asistencia a domicilio. En tercer lugar, hay una visión diferente sobre la vida y la muerte, donde la calidad de vida se considera a la par de la cantidad. Esto se evidencia en la opinión sobre la eutanasia, que es ampliamente apoyada por la población holandesa, que, debo decir, ya no va mucho a la iglesia. La eutanasia en sí misma no es un factor aquí, pero es una manifestación del mismo punto de vista”.

Lo dramático del coronavirus es que incluso sociedades en las que se cree que hay que prolongar siempre todas las vidas, sin importar los costos para el paciente, terminan confrontadas con una realidad que las supera. Una vez que se propaga en una comunidad, el virus arrasa de tal manera la capacidad del sistema hospitalario que los médicos no tienen forma de salvar a todos. Entonces, muchos profesionales quedan en una de las posiciones más difíciles que se puedan imaginar, la de decidir quién vive y quién muere.

“¿Y si la capacidad no fuera suficiente y tuviéramos que elegir? Esto es algo que cada país y hospital tendrá que enfrentar, y tenemos que ayudar a los médicos a no llevar esa carga solos. Sé que los hospitales están trabajando en esto, y la decisión final se tomará como siempre se ha tomado: evaluando cuál es el pronóstico de cada paciente, qué puede esperar al ser tratado de cierta manera, cuáles son sus alternativas y cómo será su calidad de vida si sobrevive. Estoy seguro de que, a pesar de las diferencias, se adopta exactamente el mismo enfoque en todos los países. Los médicos, yo soy uno de ellos y he conocido a muchos en distintos lugares, son esencialmente muy parecidos en todas partes”, concluyó Rosendaal.

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