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En busca de la intimidad


En busca de la intimidad

imagesSi soledad es la ausencia de los otros del mundo, el silencio es la ausencia de ruido exterior y de las cosas del mundo.

El silencio nos da INTIMIDAD, y esta, la posibilidad de vida interior.

La intimidad se nutre de la soledad y se nutre del silencio, que no es sino otra forma de soledad. Si alguien quiere alcanzar su propia intimidad, lo primero que debe aprender es a amar la soledad y el silencio.

¡Soledad hacia fuera y silencio hacia adentro!

Soledad no es abandono

Quienes huyen del silencio y de la soledad, con frecuencia confunden estos con el abandono, y por ello lo asocian al dolor y a la tristeza.

¿Por qué el abandono? El abandono se puede deber a dos causas:

* Cuando nos abandonan. Es el producido por el abandono del otro, es decir, cuando el otro nos deja, sobre todo ese “otro” del cual esperábamos algo más; entonces sentimos mucho dolor.

* Cuando nos abandonamos. Hay otra fuente del abandono, la cual proviene del abandono de uno mismo y esa es peor, más grave y más dolorosa que la anterior. La gente suele abandonarse ante dos cosas: ante los placeres y ante los dolores. Ambas formas las podemos encontrar en todas las etapas de la vida.

La soledad es buscada, el abandono siempre depende de otro, o es causado por otro y otros.

La soledad es producto de una decisión personal, libre, que surge desde nuestra conciencia. El abandono es una reacción irreflexiva ante una presión exterior.

El que se abandona a sí mismo se pierde inexorablemente, pierde la capacidad de cultivarse a sí mismo, cultivar su conducta (moral) y, por ello, pierde la capacidad de cultivar su vida; es básicamente una persona amoral y sin capacidad espiritual, pues no la ejercita.

Con frecuencia, es más fácil sucumbir ante el placer que ante el dolor. Por ello el placer es más peligroso; ambos causan lo mismo: la pérdida de la conciencia, la pérdida del juicio y, por lo tanto, la pérdida de la condición humana.

La intimidad crece en la soledad y en el silencio

El estar con uno mismo exige estar –aunque sea por momentos– lejos del otro; este ejercicio enriquece poderosamente, permite que germinen y florezcan las virtudes humanas, y nos permite –posteriormente– relacionarnos con el otro de forma más clara, más intensamente; manejar –en definitiva– mejor las distancias, las cercanías y lejanías, sanas, voluntarias, conscientes… con el otro.

Observamos que el mundo entero, tal como lo hemos construido con nuestra cultura materialista, está diseñado para sacarnos de nuestra intimidad. Por otro lado, nos enseñan a temer el silencio. Vivimos en una sociedad de grandes mercados y de fabricación en cadena a los cuales lo que les interesa es que la gente tenga mentalidad de “masa”. ¡Sin intimidad es imposible “ser uno mismo”!

Como señalaron todos los grandes hombres de la humanidad, la clave de todo está dentro del propio ser humano. Dice el filósofo Jorge Á. Livraga que “un hombre nuevo y mejor es la posibilidad de un mundo nuevo y mejor”.

La clave del mejoramiento de nuestra capacidad de reflexión y de relacionarnos con los demás empieza por no temer ni a la soledad ni al silencio; en definitiva: a reconocer y emplear nuestra intimidad.

Esta es una muy vieja enseñanza. “Busca el silencio para ti” (Ani, escriba real del Imperio Antiguo. Egipto, 2500 a.C.).

La palabra intimidad proviene de la raíz latina “inti”, que significa ‘interior’, y de “mus”, que expone su carácter superlativo. Por ello, intimidad sería aquello que está muy adentro, lo que vive y se guarda muy dentro de uno mismo, aquel lugar donde ocurren los hechos esenciales de nuestra identidad, de nuestro “yo”.

En la propia intimidad están todas las claves del ser interior y de la existencia. La intimidad es una esfera invisible que engloba los propios pensamientos y sentimientos; esa es la clave: la intimidad contiene lo propio, y no lo de los otros.

Intimidad es lo contrario de alienación

Intimidad es, en cierto modo, todo lo que puede y debe permanecer fuera del alcance del otro, y por ello es lo opuesto a toda “alienación”.

Alienar o enajenar es “pasar a otro la propiedad o derecho sobre uno mismo, poniéndolo a uno fuera de sí, privándole del juicio propio”, es decir: permitir el avance del otro sobre nuestros propios territorios interiores. Pero quien ha identificado plenamente su propia intimidad, la resguarda y la vive adecuadamente, está a salvo de cualquier forma de alienación, de toda invasión.

¿Por qué es buena la intimidad?

La intimidad nos permite “conectarnos” con nosotros mismos: en ella moran nuestras más poderosas fuerzas, que vienen de nuestras verdaderas inspiraciones, que dan sentido y orden a las motivaciones. Es la morada y origen de todas nuestras virtudes y de nuestra identidad, y en ella mora nuestra alma inmortal. Allí y solo allí, en el centro de la soledad y del silencio, está nuestro “yo soy yo”, único, excepcional y poderoso, pero conectado con los “yos” de los demás a través del espíritu que atraviesa la vida una o universo.

La doble naturaleza de la intimidad

La intimidad tiene una doble estructura, pues proviene de dos mundos: uno es el de la naturaleza objetiva o mundo material y de sensaciones, y el otro es el mundo de los fines, arquetipos, o de nuestro espíritu, entendiendo estos dos mundos complementarios como lo manifestado y el origen de la manifestación, idea y sustancia que, sumados, dan origen a toda la vida.

* La intimidad que proviene de la Naturaleza es la que tenemos todos desde el nacimiento, de la cual nadie carece; no tenemos méritos personales al tenerla. Está en relación con lo que la psicología llama “temperamento”, los elementos heredados que traemos al nacer.

* La intimidad que proviene de nuestro ser espiritual es construida, o al menos, cultivada, y no todos la poseen; tan solo la poseen los que la han descubierto y han luchado por ella y, una vez conquistada, la conservan y la cultivan día a día. Es el “carácter” de la psicología: el trabajo personal que cada cual hace con su temperamento.

Pues sí, hay que construir nuestro mundo interior, y para ello es necesario empezar construyendo nuestra propia intimidad.

La intimidad natural, aquella que da cuenta de nuestro mundo psíquico común y cotidiano, existe desde el primer aliento de vida y se va a mundos más sutiles cuando expiramos, porque no se la pierde ni siquiera con la muerte, cuando el robot de carne se detiene.

La intimidad espiritual no aparece si no va de la mano de la recta razón y de la voluntad, es decir: debemos lograrla y dedicar nuestras fuerzas (conciencia y voluntad) a construirla.

 

GABRIEL PAREDES Y JAVIER SAURA

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1 comentario

  1. Soberbio!!…Gracias amigo

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