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EL SÁDICO O EL MASOQUISTA.


¿QUIÉN TIENE MÁS CULPA? ¿EL SÁDICO O EL MASOQUISTA?

Alejandro Jodorowsky : Muchas veces alguien se queja de los defectos de su pareja y de las continuas peleas que provoca, haciendo de sus vida común una continua crisis. Sin embargo, analizando centenares de árboles genealógicos he visto que donde hay un sádico se encuentra una masoquista o vice-versa. Los problemas de una pareja resultan de una complicidad negativa, donde la causa de los conflictos se divide en un 50% más un 50 %. Esta fábula habla de ese tema:

En aquella región se erguía una tabla. En la punta tenía atravesado un largo y brillante clavo. El clima era hermoso, la tierra fragante y el cielo transparente. Todo parecía sumergido en una paz eterna. El clavo se sentía bien, el viento hacía vibrar su cuerpo agudo: “¡Doy notas musicales, soy feliz!” A esos parajes llegó un dedo meñique. Al ver a nuestro clavo, exclamó: “¡Qué bello eres! ¡Amo tu música! ¡Te adoro!” Su enamoramiento hizo que quisiera estrechar a su amado. El clavo le advirtió: “¡A mí también me excitas, pero ten cuidado, mi acero es más afilado que el de un bisturí, puedes herirte!” “¡No importa -contestó el meñique- deja que me acerque!” Y abalanzándose hizo que la punta lo picara. Por su herida salió una gota de sangre. “¡Dedo loco: si continúas te destruirás!”, protestó el clavo. Pero el dedo, enceguecido por su pasión, respondió: “¡Quiero llegar al fondo: conociéndote haré míos tus secretos!” Y empujó, atravesándose, hasta tocar con su yema la aspereza de la tabla. El obstáculo lo desesperó. “¡Oh, esta madera me impide llegar a tu cabeza!¡Quítala!” “¡No puedo, ella me sostiene, es la base de mi fuerza y mi canto!”, explicó el clavo. El dedo lloró: “¡Qué decepción! ¡Nunca podré conocerte por entero! ¡Te odio!” Y se desprendió del acero gritando de dolor. “¡Han tratado de destruirme! ¡Socorro!” Inmediatamente llegaron sus cuatro hermanos y al verlo sangrar acusaron al clavo de corruptor de menores y criminal. Se lanzaron hacia él y lo doblaron hasta quebrarlo. Le dijeron al pequeño: “¡Ya no volverá a causar daño! ¡Olvídalo!”: Y se fueron. Al poco tiempo el meñique comenzó a aburrirse. Vio a un hermoso cactus que se estiraba hacia el sol. “¡Oh, sus espinas brillan como astros! ¡Lo amo! ¡Quiero abrazarlo!”. El cactus le advirtió que tuviera cuidado, pero el dedo no quiso oírlo, embriagado por su pasión. “¡Amo tu verde radiante! ¡Te adoro! ¡Deja que me acerque a ti!”…

Antes de juzgar a un “canalla” veamos antes cuán culpable es su víctima… Hay quienes creen, por cambiar de una persona a otra, que han escapado de una relación nociva; pero en realidad, bajo la aparente diferencia, buscan la negatividad que les atrae.

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1 comentario

  1. ¿No había un viejo chiste sobre una pareja masoquista-sádico? Decía algo así como que el miembro masoquista de la pareja decía: “¡pégame, vamos, pégame!”. A lo que el miembro sádico contestaba, para hacer sufrir de verdad a su pareja: “¡Noooooo!”.
    ;D

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