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EL VACIO EXISTENCIAL


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EL SENTIDO DE LA VIDA

 

La vida lleva consigo un conjunto de vivencias, aprendizajes, luchas, éxitos, fracasos, dentro de un espacio y en un tiempo determinado, donde se comparte el día a día junto a otras personas: familiares, amigos y allegados, pasando por el desconocido que se acerca en medio de la calle o el que viaja en el asiento de junto de un transporte público.

La vida cotidiana de cada persona es lo común, habitual o esperado y nutre de respuestas a las dudas planteadas, “se presenta como una realidad interpretada que tiene significado subjetivo de un mundo coherente”[1]. El mundo en donde vivimos se caracteriza por la presencia de relaciones cara-a-cara afectivas. Este ‘mundo circundante’ (Umwelt) ofrece seguridad existencial al individuo y garantiza el desarrollo de un sentido de vida, por ser el mundo al cual estamos habituados a vivir en forma estable y rutinaria, fuera de posibles situaciones de riesgos, duda o incertidumbre.

El sentido de la vida surge por la necesidad de dar solución a los problemas que tenga una colectividad o un individuo en particular. Constituye la respuesta ofrecida a las preguntas o problemas que implica la vida: ¿por qué vivir? ¿Para qué vivir? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Qué hacer con mi vida? ¿Qué camino seguir? ¿Qué hacer para sobrevivir? Entre otras tantas ‘cuestiones existenciales’[2]. El sentido de la vida es un “esquema que reúne modelos de actos de las líneas más diversas y los acomoda en una proyección de un sentido que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte”[3].

La construcción de un sentido de vida se inicia en la socialización primaria (familia), la cual posibilita una base ontológica sólida que ofrezca seguridad y certidumbre existencial, como punto de arranque para la definición de la identidad del yo y sentido de vida. Esta proceso continua a lo largo de la vida en una relación dialéctica entre lo subjetivo y lo intersubjetivo (medio social), en la vida cotidiana hasta el momento de la muerte.

Ante el papel de la familia en la formación del sentido de vida, es importante considerar la influencia familiar en las personas dentro de la sociedad venezolana, al considerar la hipótesis de Mikel de Viana con respecto al “familismo amoral de los venezolanos”[4]. El carácter ‘familista’ de una sociedad fue propuesto por Edward Banfield[5] en donde estableció en su estudio realizado en una población al sur de Italia que las personas actúan como sí buscaran: “maximizar las ventajas materiales y a corto plazo de la familia nuclear y asumir que los demás harán los mismo”.

Dicho familismo tiene como rasgo principal la predominancia del ámbito familiar frente al ámbito público el cual se constituye como un espacio para el predominio, satisfacción y disputa de los intereses privados por encima del colectivo. Si el núcleo familiar constituye la pauta de acción de los miembros de una sociedad ‘familista’ ¿Hasta qué punto su influencia puede ocasionar vacío existencial?

 

EL VACÍO EXISTENCIAL

El desarrollo de un sentido de la vida puede verse frustrado en la medida en que las metas, anhelos o expectativas de vida no sean realizados o nuestros parámetros de vida de seguridad y certidumbre sean afectados por situaciones de ‘crisis’ donde no se cuenta con las herramientas adecuadas para afrontarlos.

En tales situaciones, la presencia de un conjunto de sensaciones y cambios en nuestro día a día, surgen como ‘síntomas’ de un estado de frustración existencial que afecta nuestro sentido de vida que ha sido denominado por Viktor Frankl fundador de Logoterapia como un ‘vacío existencial’: “la pérdida del sentimiento de que la vida es significativa”,[6] las personas presentan “el sentimiento de que sus vidas carecen total y definitivamente de un sentido. Se ven acosados por la experiencia de su vaciedad íntima, del desierto que albergan dentro de sí”.[7] “Un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida, una incapacidad para sentir las cosas y los seres”.[8] Se siente que ?la vida no tiene sentido? y que ‘no vale la pena vivirla’.

 

ORIGEN DEL VACÍO EXISTENCIAL

Razones Psicológicas:

Se puede considerar el origen del vacío existencial en la medida en que el individuo encuentre limitado su ‘voluntad de sentido’ (Frankl)[9] o búsqueda natural de una razón de ser de su vida y de las cosas que ocurren. La realización existencial ocurre en la medida en que cada uno trascendemos nuestra situación y condición hacia un objetivo externo a nosotros mismo (el trabajo, la pareja, Dios, estudios, hobbies, etc.) En definitiva, experiencias y acciones en nuestra vida que nos permitan salir de uno mismo en pro de un objetivo (ver valores según Frankl).

Tony Anatrella[10] considera que uno de los problemas de la sociedad actual, denominada por él una ‘sociedad depresiva’, se encuentra en la constante búsqueda de satisfacer el ‘ego’. La presencia del individualismo y el narcisismo como formas de conductas se han generalizado en la sociedad donde predominan acciones egoístas que limitan la capacidad de trascendencia personal e inhiben la consolidación de un óptimo sentido de vida.

Razones Filosóficas:

La reflexión sobre el sentido de la vida y el vacío existencial gira en torno sobre la concepción del absurdo de la vida. Según Albert Camus: “la vida no tiene sentido y no vale la pena vivirla”[11]. Esta certeza del absurdo de la vida conlleva a la reflexión de la vida misma en términos de que cada uno de nosotros es responsable y él único capaz de dotarla de sentido. Tal como diría Sartre: “la vida, a priori, no tiene sentido. Antes que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido”[12].

La concepción de Heidegeer del ser-en-el-mundo (Dasein), un ser que vive en el mundo (natural y social), que se enfrenta al día a día en un proceso de realización hacia la muerte. La certeza de la finitud del hombre apunta a la búsqueda de una vida plena de sentido y abocada a la trascendencia. En tal sentido, Octavio Paz opina que una vida plena de sentido no es posible sin una muerte con el sentido, ya que como el mismo señala: “la vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte [porque en definitiva] ¿qué me importa la muerte si no me importa la vida?”[13].

La realización de un sentido de vida se inicia cuando la persona busque actuar y realizarse en su día a día, en pro de cumplir las cosas anheladas. El vacío existencial ocurre cuando el individuo no trascienda su vida cotidiana desechando la ideación de su proyecto de vida ocasionando la inexistencia de una muerte dotada de sentido que nutre de razón de ser a su vida y viceversa.

Razones Culturales:

“Son los períodos de transición los que engendran el vacío existencial”. En estas palabras de Frankl se puede resumir la causa. A juicio de los autores ya mencionados, la dinámica cultural de la sociedad occidental contemporánea posibilita la falta de sentido de la vida por ser una cultura profana, secular, caracterizada por el predominio del ‘aquí y el ahora’ en pro de la búsqueda y satisfacción de los intereses particulares en corto plazo.

Esta forma cultural, denominada bajo el nombre de posmodernidad implica un enfrentamiento a los parámetros, principios, ideales y proyectos que habían regido la sociedad desde los orígenes de la modernidad. Esta forma de ver la vida y del que hacer diaria, de la mano con el proceso de ‘psicologización de lo social’ tal como lo ha denominado Lipovetsky, en donde el rasgo que lo evidencia es el narcisismo.

La búsqueda del disfrute inmediato y la definición de la vida en función del momento, se mezcla con el predominio de la ‘saturación del yo’ tal como destaca Kenneth Gergen, en donde la posibilidad de definir un yo y el desarrollo de una identidad se ve mermada ante la sobre estimulación del individuo frente a diversos estilos de vida, gustos, criterios, parámetros normativos y/o valorativos, que no ofrecen un ideal claro sobre el sentido de la vida. Tal como dirían Berger y Luckmann, nos encontramos ante una sociedad donde predomina la ‘pluralidad de sentidos’ y no existe un único criterio rector.

Tal situación no secular y ante la pluralidad de explicaciones sobre la vida, ha traído como consecuencia el resurgir del escepticismo como una forma de respuesta y postura ante la vida. En tal sentido, tal como postula Giddens, la ruptura de los parámetros de certidumbre y certeza dejan al individuo sin un asidero cultural bajo el cual dar respuesta a los ‘dilemas existenciales’.

El predominio de una vida cotidiana en constante reflexión y redefinición, ante la pluralidad de criterios, se convierte en fuente de frustraciones existenciales y de factor desencadenante del vacío existencial. Una cultura en que no ofrece una pauta normativa y valorativa a la cual seguir como explicación de la vida y de la muerte, ocasiona puntos de desenclave entre el individuo y la sociedad que acarrean crisis existenciales y acciones egoísta-narcisista que limitan la capacidad de trascender y realizar un proyecto de vida pleno con sentido.

 

Razones Sociales:

La conformación de un sentido de vida pleno va de la mano con el sentido de pertenencia que tenga el individuo con las actividades que realice en su día a día y con los grupos sociales en los cuales la realiza y/o pertenezca a ellos. Ante una realidad cultural plural, no sólo ocasiona falta de claridad en el norte o proyecto social al cual seguir, sino que ocasiona a su vez desvinculación entre los individuos ante el predominio de posturas ante la vida individualista más que de consenso.

 

Una sociedad que se evidencia como ‘depresiva’, individualista y alienada en donde cada uno niega la existencia del otro al predominar su ‘yo’ en el sentido que orientan sus acciones. La dinámica social se vuelve impersonal, objetiva y ‘cosificante’ al perderse el vínculo cara-a-cara que nutre y da significación a la vida cotidiana. El origen del vacío existencial remite a una desvinculación del individuo del medio social, tal como el mismo Durkheim comentó: “[cuando el individuo] se individualiza más allá de cierto punto, si se separa demasiado radicalmente de los demás seres, hombres o cosas, se encuentra incomunicada con las fuentes mismas de las que normalmente debería alimentarse, ya no tiene nada a que poder aplicarse. Al hacer el vacío a su alrededor, ha hecho el vacío dentro de sí misma y no le queda nada más para reflexionar más que su propia miseria. Ya no tiene como objeto de meditación otra cosa que la nada que está en ella y la tristeza que es su consecuencia”.[14] Una vida sin sentido implica una vida sin arraigo social.

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